Marta Colomina: Maduro insomne, delirante y sin máscara

Marta Colomina: Maduro insomne, delirante y sin máscara

thumbnailmartacolominaMaduro no es hábil para mentir, aunque miente todo el tiempo. No engañó a la periodista de CNN al decir que “dormía como un bebé”, porque su rostro desencajado, párpados hinchados, creciente iracundia y cada vez más torpes y dictatoriales decisiones son indicadores de su insomnio. Las órdenes cubanas no le están dando el resultado esperado. No se explica por qué cuanto más reprime, más crecen las protestas y más se le enreda el país. Para el jueves 20, ya eran 31 muertes y más de 500 heridos en hechos relacionados con las protestas, 80% de civiles. Maduro se adhiere al ritornello de que los asesinatos, causados por sus huestes, son ejecutados por “la derecha fascista”. Lo reiteró con la muerte del obrero del municipio Libertador en Montalbán, quien quedó atrapado en un tiroteo entre motorizados oficialistas, según dijeron a los medios vecinos del sector. Al igual que los recientes asesinatos de Valencia. El miércoles más de 20 facinerosos, autoidentificados como “colectivos”, portando lacrimógenas, tubos y con las cachas de sus pistolas, golpearon brutalmente a los estudiantes que asistían a una asamblea en la Facultad de Arquitectura de la UCV (dejaron más de 18 heridos). Los obligaron a desnudarse, robaron sus pertenencias y vejaron a las mujeres. Los ciudadanos exigen desarmar a estos terroristas, pero el tsj (con minúscula) y la fiscalía, omiten toda acción contra ellos. Su tarea no es perseguir el delito, sino reprimir a la disidencia, como hizo la Sala Constitucional con el alcalde Scarano. Ni se inmutan ante el comunicado de todas las Academias nacionales rechazando “el desconocimiento absoluto de la ley” en las protestas. El rector Vicente Díaz lo dijo claro: “el tsj deja sin efecto la soberanía popular ejercida con el voto”. Eso significa que el tsj dio un golpe de Estado a solicitud de Maduro.

Nadie ha creído, dentro o fuera de Venezuela, que la decisión del tsj de poner preso “por desacato” y despojar de su cargo de elección popular al alcalde de San Diego, Enzo Scarano, -todo en un solo día- sea una medida “ajustada a derecho”, sino la prueba de una “justicia” hecha a la medida de la prisa dictatorial. “La sala Constitucional botó por la ventana los criterios que defendió 12 años en la tramitación del desacato”, dicen los juristas. Tan lacayunos son que, a minutos de la destitución de Scarano, ya las jinetas del apocalipsis electoral anunciaban la convocatoria a comicios para elegir nuevo alcalde y Maduro ordenaba la intervención de la policía de San Diego. La noche del jueves los “colectivos” saquearon a su gusto los comercios de San Diego, sin que apareciera ni un GN ni un policía. Con Daniel Ceballos, carismático alcalde de San Cristóbal, Maduro no necesitó la máscara servil del tsj. El Sebin lo capturó en Caracas, sin orden judicial, aprovechando su presencia en la reunión de alcaldes de la unidad democrática. A Maduro le urge borrar del mapa político a todos los alcaldes opositores para allanar la vía a las comunas “elegidas” a dedo y anunciadas en el “Plan de la Patria”. Ya presos Scarano y Ceballos, amenazó con “elecciones en el municipio Chacao” “poner preso al alcalde” Ramón Muchacho. Dice Maduro que “hay material que lo incrimina en la desestabilización”, cosa incierta. De la conducta cívica de estudiantes y alcalde hay videos y testimonios múltiples, a diferencia de la GN y de los motorizados rojos que causaron enormes destrozos en Chacao.

El barniz democrático con el que Unasur pretende maquillar a Maduro está llegando tarde. En su régimen ya no hay espacio para los simulacros: esta es una dictadura sin máscara. Lo prueban el plan de sacar a María Corina del Parlamento (fue la más votada), lo que obligó a la Unión Interparlamentaria Mundial a acordar el envío de una delegación a Venezuela; la “comisión de la verdad” integrada solo por diputados rojos con el propósito de legitimar la violación de los DDHH; la arremetida criminal contra las marchas pacíficas estudiantiles; las torturas documentadas por las ONG, tales como obligar a los jóvenes detenidos a realizar felaciones, o a una estudiante detenida menor de edad a comer sustancias fecales, entre otras perversiones propias de una dictadura, que desmienten a la ministra de la Defensa, cuando dice que en la FAN “no somos represores”.





En medio de la mayor crisis económica y política que recuerde Venezuela -con escasez e inflación siderales, violencia incontrolable y represión a la disidencia- el delirante Maduro dice que “nosotros somos el poder popular, con poder político y poder económico”. La verdad verdadera es que Maduro ha perdido apoyo popular y devenido en dictador de un país en ruinas, con petróleo a $100 el barril y una ciudadanía en protesta viva.

mcolomina@gmail.com